El proyecto ASPECT, financiado por la Comisión Europea, ofrece una serie de webinars (seminarios online) totalmente gratuitos sobre diferentes temas relacionados con las tecnologÃas educativas y su estandarización.
Para su seguimiento se utilizará la herramienta flashmeeting de muy sencillo uso y que no requiere ningún elemento adicional para su instalación al margen de una versión de Flah.
Es posible registrarse para el seguimiento de estos seminarios online en la siguiente dirección:
http://www.cen-ltso.net/aspectwebinars/
El idioma en el que se conducirán los seminarios será inglés y la temática de los mismos será:
- “Harvesting Metadata“. 5 de octubre. 5 PM CEST (4 PM GMT)
- “Common Cartridge and Moodle“. 19 de octubre. 5 PM CEST (4 PM GMT)
- “Controlled Vocabularies“. 9 de noviembre. 5 PM CEST (4 PM GMT)
- “Benefits of Learning Technology Standards for publishers” 23 de noviembre. 5 PM CEST (4 PM GMT)
- “Benefits of Learning Technology Standards for policy makers“. 14 de diciembre. 5 PM CEST (4 PM GMT)
Para cualquier consulta adicional pueden dirigirse a: ltso AT det DOT uvigo DOT es
Bueno desde hace como una semana o un poco más uno de mis alumnos me preguntó por un ejemplo del plan de pruebas. No tengo ninguno en particular que compartir con ellos (a diferencia de los que nos incumben en Análisis y Modelado de Software y Diseño de Software), pero cada vez son más las preguntas, por lo que mejor los redirecciono para aca.
Al igual que para especificación de requerimientos se usa el IEEE 830, para el plan de pruebas existe el IEEE 829 [PDF].
Buscando un poco en Google llegaran a varios ejemplos:
IEEE 829 TEST PLAN TEMPLATE
Sample Master Test Plan
System Test Plan [DOC]
Como información adicional esta el estándar IEEE 1058.1 [PDF] para la administración de proyectos de software.
Mariate Arnal, directora general de Prodigy MSN de México, habla de la convergencia y la TV Interactiva.
Es hora de que nos pongamos a crear esa plataforma (o implementar plataformas ya creadas y probadas) de la que habla pensando en los usuarios de México quienes estamos completamente retrasados en TODO lo necesario para hacerlo realidad, nada más pensemos en los 5 años de retraso en la convergencia de tecnologÃas (la cual permite que un solo operador provea telefonÃa, internet y vÃdeo -el famoso triple play de los futbolistas-), súmenle otros tantos en acceso a la banda ancha (ancha de verdad) con precios accesibles a un alto porcentaje de la población.
Imaginen los beneficios que traerÃa al paÃs contar con la tecnologÃa iDTV con relevancia social relacionada a los campos de e-learning, e-health, e-government:
¿Alguien conoce de iniciativas en este ramo en México que ya se estén implementando, ya sea a nivel empresarial o a nivel académico?… Tengo entendido que Telmex cuenta con planes para entrar en ese mercado pero no se que tanto haya.
El artÃculo Ten XML Schemas you should know en el sitio de IBM es uno de los que debemos tener impresos junto a nuestro espacio de trabajo.
He encontrado esta historia, todos hemos sufrido en alguna ocasión con alguno de sus libros, pero su historia es poco conocida y muy interesante:
Aurelio Baldor, el autor del libro que más terror despierta en los estudiantes de bachillerato de toda Latinoamérica, no nació en Bagdad. Nació en La Habana, Cuba, y su problema más difÃcil no fue una operación matemática, sino la revolución de Fidel Castro. Esa fue la única ecuación inconclusa del creador del Algebra de Baldor, un apacible abogado y matemático que se encerraba durante largas jornadas en su habitación, armado sólo de lápiz y papel, para escribir un texto que desde 1941 aterroriza y apasiona a millones de estudiantes de toda Latinoamérica.
El Algebra de Baldor, aun más que El Quijote de la Mancha, es el libro más consultado en los colegios y escuelas desde Tijuana hasta la Patagonia. Tenebroso para algunos, misterioso para otros y definitivamente indescifrable para los adolescentes que intentan resolver sus “misceláneas” a altas horas de la madrugada, es un texto que permanece en la cabeza de tres generaciones que ignoran que su autor, Aurelio Angel Baldor, no es el terrible hombre árabe que observa con desdén calculado a sus alumnos amedrentados, sino el hijo menor de Gertrudis y Daniel, nacido el 22 de octubre de 1906 en La Habana, y portador de un apellido que significa “valle de oro” y que viajó desde Bélgica hasta Cuba sin tocar la tierra de Scherezada.
Baldor, el grande
Daniel Baldor reside en Miami y es el tercero de los siete hijos del célebre matemático. Inversionista, consultor y hombre de finanzas, Daniel vivió junto a sus padres, sus seis hermanos y la abnegada nana negra que los acompañó durante más de cincuenta años, el drama que se ensañó con la familia en los dÃas de la revolución de Fidel Castro.
“Aurelio Baldor era el educador más importante de la isla cubana durante los años cuarenta y cincuenta. Era fundador y director del Colegio Baldor, una institución que tenÃa 3.500 alumnos y 32 buses en la calle 23 y 4, en la exclusiva zona residencial del Vedado. Un hombre tranquilo y enorme, enamorado de la enseñanza y de mi madre, quien hoy lo sobrevive, y que pasaba el dÃa ideando acertijos matemáticos y juegos con números”, recuerda Daniel, y evoca a su padre caminando con sus 100 kilos de peso y su proverbial altura de un metro con noventa y cinco centÃmetros por los corredores del colegio, siempre con un cigarrillo en la boca, recitando frases de Martà y con su álgebra bajo el brazo, que para entonces, en lugar del retrato del sabio árabe intimidante, lucÃa una sobria carátula roja.
Los Baldor vivÃan en las playas de Tarará en una casa grande y lujosa donde las puestas de sol se despedÃan con un color distinto cada tarde y donde el profesor dedicaba sus tardes a leer, a crear nuevos ejercicios matemáticos y a fumar, la única pasión que lo distraÃa por instantes de los números y las ecuaciones. La casa aún existe y la administra el Estado cubano. Hoy hace parte de una villa turÃstica para extranjeros que pagan cerca de dos mil dólares para pasar una semana de verano en las mismas calles en las que Baldor se cruzaba con el “Che” Guevara, quien vivÃa a pocas casas de la suya, en el mismo barrio.
“Mi padre era un hombre devoto de Dios, de la patria y de su familia”, afirma Daniel. “Cada dÃa rezábamos el rosario y todos los domingos, sin falta, Ãbamos a misa de seis, una costumbre que no se perdió ni siquiera después del exilio”. Eran los dÃas de riqueza y filantropÃa, dÃas en que los Baldor ocupaban una posición privilegiada en la escalera social de la isla y que se esmeraban en distribuir justicia social por medio de becas en el colegio y ayuda económica para los enfermos de cáncer.
Algebra del exilio
El 2 de enero de 1959 los hombres de barba que luchaban contra Fulgencio Batista se tomaron La Habana. No pasaron muchas semanas antes de que Fidel Castro fuera personalmente al Colegio Baldor y le ofreciera la revolución al director del colegio. “Fidel fue a decirle a mi padre que la revolución estaba con la educación y que le agradecÃa su valiosa labor de maestro…, pero ya estaba planeando otra cosa”, recuerda Daniel.
Los planes tendrÃa que ejecutarlos Raúl Castro, hermano del lÃder del nuevo gobierno, y una calurosa tarde de septiembre envió a un piquete de revolucionarios hasta la casa del profesor con la orden de detenerlo. Sólo una contraorden de Camilo Cienfuegos, quien defendÃa con devoción de alumno el trabajo de Aurelio Baldor, lo salvó de ir a prisión. Pero apenas un mes después la familia Baldor se quedó sin protección, pues Cienfuegos, en un vuelo entre Camagüey y La Habana, desapareció en medio de un mar furioso que se lo tragó para siempre.
“Nos vamos de vacaciones para México, nos dijo mi papá. Nos reunió a todos, y como si se tratara de una clase de geometrÃa nos explicó con precisión milimétrica cómo tenÃamos que prepararnos. Era el 19 de julio de 1960 y él estaba más sombrÃo que de costumbre. Mi padre era un hombre que no dejaba traslucir sus emociones, muy analÃtico, de una fachada estricta, durÃsima, pero ese dÃa algo misterioso en su mirada nos decÃa que las cosas no andaban bien y que el viaje no era de recreo”, dice el hijo de Baldor.
Un vuelo de Mexicana de Aviación los dejó en la capital azteca. La respiración de Aurelio Baldor estaba agitada, intranquila, como si el aire mexicano le advirtiera que jamás regresarÃa a su isla y que morirÃa lejos, en el exilio. El profesor, además del dolor del destierro, cargaba con otro temor. Era infalible en matemáticas y jamás se equivocaba en las cuentas, asà que si calculaba bien, el dinero que llevaba le alcanzarÃa apenas para algunos meses. PartÃa acompañado de una pobreza monacal que ya sus libros no podrÃan resolver, pues doce años atrás habÃa vendido los derechos de su álgebra y su aritmética a Publicaciones Culturales, una editorial mexicana, y habÃa invertido el dinero en su escuela y su paÃs. La lucha empezaba.
Los Baldor, incluida la nana, se estacionaron con paciencia durante 14 dÃas en México y después se trasladaron hasta Nueva Orleans, en Estados Unidos, donde se encontraron con el fantasma vivo de la segregación racial. Aurelio, su mujer y sus hijos eran de color blanco y no tenÃan problemas, pero Magdalena, la nana, una soberbia mulata cubana, tenÃa que separarse de ellos si subÃan a un bus o llegaban a un lugar público.
Aurelio Baldor, heredero de los ideales libertarios de José MartÃ, no soportó el trato y decidió llevarse a la familia hasta Nueva York, donde consiguió alojamiento en el segundo piso de la propiedad de un italiano en Brooklyn, un vecindario formado por inmigrantes puertorriqueños, italianos, judÃos y por toda la melancolÃa de la pobreza. El profesor, hombre friolento por naturaleza, sufrió aun más por la falta de agua caliente en su nueva vivienda, que por el desolador panorama que percibÃa desde la única ventana del segundo piso.
La aristocrática familia que invitaba a cenar a ministros y grandes intelectuales de toda América a su hermosa casa de las playas de Tarará, estaba condenada a vivir en el exilio, hacinada en medio del olvido y la sordidez de Brooklyn, mientras que la junta revolucionaria declaraba la nacionalización del Colegio Baldor y la expropiación de la casa del director, que sirvió durante años como escuela revolucionaria para formar a los célebres “pioneros”. La suerte del colegio fue distinta. Hoy se llama Colegio Español y en él estudian 500 estudiantes pertenecientes a la Unión Europea. Ningún niño nacido en Cuba puede pisar la escuela que Baldor habÃa construido para sus compatriotas.
Lejos de la patria
Aurelio Baldor trató en vano de recuperar su vida. Fue a clases de inglés junto a sus hijos a la Universidad de Nueva York y al poco tiempo ya dictaba una cátedra en Saint Peters College, en Nueva Jersey. Se esforzó para terminar la educación de sus hijos y cada uno encontró la profesión con que soñaba: un profesor de literatura, dos ingenieros, un inversionista, dos administradores y una secretaria. Ninguno siguió el camino de las matemáticas, aunque todos continuaron aceptando los desafÃos mentales y los juegos con que los retaba su padre todos los dÃas.
Con los años, Baldor se habÃa forjado un importante prestigio intelectual en los Estados Unidos y habÃa dejado atrás las dificultades de la pobreza. Sin embargo, el maestro no pudo ser feliz fuera de Cuba. No lo fue en Nueva York como profesor, ni en Miami donde vivió su retiro acompañado de Moraima, su mujer, quien hoy tiene 89 años y recuerda a su marido como el hombre más valiente de todos cuantos nacieron en el planeta. Baldor jamás recuperó sus fantásticos cien kilos de peso y se encorvó poco a poco como una palmera monumental que no puede soportar el peso del cielo sobre sÃ. “El exilio le supo a jugo de piña verde. Mi padre se murió con la esperanza de volver”, asegura su hijo Daniel.
El autor del Algebra de Baldor se fumó su último cigarrillo el 2 de abril de 1978. A la mañana siguiente cerró los ojos, murmuró la palabra Cuba por última vez y se durmió para siempre. Un enfisema pulmonar, dijeron los médicos, habÃa terminado con su salud. Pero sus siete hijos, quince nietos y diez biznietos, siempre supieron y sabrán que a Aurelio Baldor lo mataron la nostalgia y el destierro. (Revista Dinners, Colombia-2000).